La distribución alimentaria, en el corazón de la economía europea

Tribuna de opinión publicada en el Diario Expansión el 24 de marzo de 2021

La Comisión Europea ha identificado el comercio y la alimentación como dos de los catorce ecosistemas fundamentales para la recuperación post-Covid en el marco de la nueva política industrial para la Unión. Avalan este hecho los más de 5 millones de empresas de todos los tamaños que agrupan entre ambos, los casi 40 millones de trabajadores que emplean, la aportación del 13,7 por ciento al PIB europeo y la dinamización de comunidades locales que estas actividades representan, tanto en el entorno rural como en el urbano.

La crisis sanitaria ha puesto de manifiesto la importancia de que las cadenas de suministro no se detengan ante ninguna circunstancia. El carácter esencial del comercio en su conjunto, pero especialmente del alimentario para garantizar el bienestar de las familias, ha resultado imprescindible. El comercio asegura que los productores agrarios y los pescadores tengan acceso a los consumidores y, desde el otro lado, garantiza que los consumidores puedan proveerse de todos los bienes que necesitan para su bienestar y para su desarrollo personal, todos los días.

La distribución alimentaria, en concreto, ha demostrado su capacidad de resiliencia durante los meses pasados, aunque sabemos que la recuperación va a ser dura para todos. La alimentación se define por tener altos costes fijos y márgenes bajos, que la hacen vulnerable ante situaciones económicas inciertas. Por supuesto, no todo el sector es homogéneo: los distribuidores mayoristas que sirven al sector Horeca han sufrido desde el inicio de la pandemia las consecuencias de las restricciones en forma de una drástica caída de sus ventas. También aquellos distribuidores minoristas establecidos en las zonas más turísticas aguardan la pronta y necesaria recuperación económica que ha de llegar tras la vacunación masiva.

Una de las grandes enseñanzas que podemos extraer de esta experiencia es la necesidad de salvaguardar las redes comerciales que han permitido a la sociedad seguir funcionando. En el caso de la distribución con base alimentaria, hemos podido comprobar que un sistema eficiente debe estar soportado por un amplio equilibro entre empresas y formatos y por una fuerte orientación de servicio hacia el consumidor. Esto significa salvaguardar la capacidad de los ciudadanos, vivan donde vivan, para acceder a una alimentación variada, completa, segura y a precios competitivos.

De cara al futuro, resiliencia significa conservar la habilidad del sector para adaptarse a la demanda del consumidor y seguir sirviendo a la sociedad en su acepción más amplia, desde los grandes núcleos urbanos, hasta las áreas más despobladas. Y, para alcanzar esta capacidad de resiliencia, necesitamos el acompañamiento de las administraciones públicas con una regulación simple, armonizada y menos costosa para las empresas. El comercio en su conjunto ha demostrado durante los meses pasados su capacidad de poner en marcha con mucha rapidez las medidas de seguridad e higiene necesarias para la protección de empleados y clientes y de seguir dando servicio a la sociedad en situaciones inciertas y difíciles. Merece, así pues, el voto de confianza de una regulación sencilla.

Si conseguimos, entre todos, sentar las bases de la fortaleza de la distribución de cara al futuro estaremos contribuyendo también a aprovechar al máximo algunas de las grandes aportaciones del sector a dos objetivos nucleares de la Comisión Europea recogidos en el Green Deal, la transformación digital y la sostenibilidad de la economía. La distribución alimentaria es un actor principal en el Green Deal por dos razones principales: su estrecho y permanente contacto con el consumidor y su capacidad de actuar como palanca de cambio en el marco del sector agroalimentario para avanzar en la consecución de los objetivos comunes.

La Comisión Europea ha identificado este hecho y ha plasmado su hoja de ruta para el sector agroalimentario en la Estrategia de la Granja a la Mesa. En ella, se recogen las principales directrices de desarrollo futuro para el sector bajo el prisma de considerar el sector en su conjunto, con visión de cadena, estableciendo objetivos y compromisos para todos los operadores de esta y dejando atrás la etapa de la regulación de las prácticas comerciales desleales para sentar las bases de lo que ha de representar este sector -o ecosistema- estratégico para Europa y su recuperación económica.

Se presentan ante nosotros unos meses clave apasionantes. La situación exige un planteamiento sólido de cara a los debates sobre el desarrollo de la Estrategia que ya se están produciendo en el marco comunitario. La condición de “doble ecosistema esencial” de la distribución alimentaria sitúa este sector en el corazón de la recuperación. Las bases de un comercio basado en una proximidad equilibrada, accesible, circular y digital están sentadas. Nos corresponde ahora, a todos, afianzar las ventajas del sistema y corregir los desajustes para salir fortalecidos de esta crisis.


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