Europa necesita un mercado único que funcione de verdad

Mi incorporación a la Mesa de la Sección de Mercado Único, Producción y Consumo del Comité Económico y Social Europeo supone una nueva oportunidad para contribuir a uno de los grandes desafíos de la Unión Europea: reforzar su competitividad sin renunciar a sus valores ni a su modelo económico y social.

He sido nombrado miembro de la Mesa de la Sección de Mercado Único, Producción y Consumo (INT) del Comité Económico y Social Europeo (CESE). Es una responsabilidad que asumo con ilusión, agradecimiento y, sobre todo, con el compromiso de seguir trabajando para acercar las políticas europeas a la realidad de las empresas y de los ciudadanos.

Mi relación con el CESE comenzó en 2015, cuando me incorporé como representante de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). Desde entonces, he tenido la oportunidad de participar en la elaboración de numerosos dictámenes y debates sobre asuntos fundamentales para la economía europea: el funcionamiento del mercado único, la transformación digital, la energía, la inflación, la sostenibilidad o el impacto de las diferentes iniciativas regulatorias sobre las empresas.

Esta experiencia me ha reafirmado en una convicción: Europa necesita instituciones capaces de escuchar, dialogar y convertir los grandes objetivos políticos en soluciones que funcionen en la práctica.

El mercado único: una de nuestras mayores fortalezas

El mercado único es uno de los grandes logros de la integración europea. Ha permitido construir un espacio económico que ofrece oportunidades extraordinarias a empresas y consumidores, favoreciendo el comercio, la inversión, la innovación y el crecimiento.

Sin embargo, su construcción sigue siendo una tarea inacabada.

A pesar de décadas de integración, persisten barreras nacionales, diferencias regulatorias y cargas administrativas que dificultan que las empresas puedan aprovechar plenamente las ventajas de operar en un espacio económico común.

Estas dificultades afectan especialmente a las pequeñas y medianas empresas, que no siempre disponen de los recursos necesarios para desenvolverse en un entorno normativo cada vez más complejo.

Además, el contexto internacional ha cambiado profundamente. La competencia global, las tensiones geopolíticas, la transformación tecnológica y las necesidades de inversión obligan a Europa a revisar algunas de sus prioridades.

Ya no basta con defender el mercado único como uno de nuestros grandes éxitos históricos. Tenemos que conseguir que funcione mejor.

Regular mejor también es defender la competitividad

Una de las principales prioridades que me propongo impulsar desde esta nueva responsabilidad es la mejora de la calidad regulatoria.

La regulación es imprescindible para garantizar la protección de los consumidores, la competencia leal, la seguridad jurídica y el cumplimiento de los objetivos económicos, sociales y medioambientales de la Unión Europea.

Pero una regulación eficaz debe ser también proporcionada, coherente y aplicable.

En ocasiones, la acumulación de obligaciones, las duplicidades administrativas o las diferencias entre las normas nacionales generan costes que no siempre se corresponden con los beneficios perseguidos.

Por ello, considero fundamental avanzar hacia una legislación europea más sencilla e inteligente, construida mediante un diálogo temprano y efectivo con los sectores económicos afectados.

Simplificar no significa necesariamente desregular. Significa eliminar lo innecesario, evitar contradicciones y facilitar el cumplimiento de las obligaciones.

Y significa, también, prestar especial atención a las pymes y garantizar que las normas europeas se apliquen de manera homogénea en todos los Estados miembros.

Porque la seguridad jurídica, la simplificación administrativa y la competitividad empresarial no son objetivos contrapuestos al progreso europeo, sino condiciones necesarias para hacerlo posible.

Escuchar a las empresas para construir mejores políticas

A lo largo de mi trayectoria profesional, primero en el ámbito de las organizaciones agrarias y posteriormente en ASEDAS, he podido conocer las distintas realidades de la cadena de valor agroalimentaria y las dificultades que afrontan productores, fabricantes y distribuidores.

Esta experiencia me ha enseñado que las soluciones más eficaces rara vez surgen de posiciones aisladas o de planteamientos exclusivamente teóricos.

Surgen del conocimiento de la realidad, del contraste de perspectivas y de la voluntad de encontrar acuerdos.

Precisamente, esa es una de las principales aportaciones del Comité Económico y Social Europeo: proporcionar un espacio institucional donde empresarios, trabajadores y representantes de la sociedad civil organizada puedan contribuir al proceso de elaboración de las políticas europeas.

En un momento en el que Europa necesita reforzar su capacidad de actuación, considero especialmente importante aprovechar esta función de diálogo.

El éxito de una política no debería medirse únicamente por su aprobación, sino también por su capacidad de producir resultados tangibles para las empresas y los ciudadanos.

Comunicar Europa también es construir Europa

Hay otra cuestión a la que me gustaría prestar una atención especial durante esta etapa: la comunicación.

Las instituciones europeas desarrollan una actividad intensa que tiene consecuencias directas sobre nuestra economía y nuestra vida cotidiana. Sin embargo, una parte importante de ese trabajo continúa siendo poco conocida fuera de los círculos especializados.

Creo que debemos hacer un esfuerzo adicional para explicar qué se debate en Bruselas, por qué se adoptan determinadas decisiones y cómo afectan a cuestiones tan concretas como la actividad de una pequeña empresa, la innovación, el acceso a los productos o la protección de los consumidores.

También debemos reforzar el diálogo con el Parlamento Europeo, la Comisión y el Consejo, procurando que las aportaciones de la sociedad civil organizada lleguen a los responsables políticos en el momento en que todavía pueden influir en las decisiones.

Comunicar mejor Europa no es simplemente conseguir mayor visibilidad institucional. Es ayudar a comprenderla, acercarla a la sociedad y fortalecer su legitimidad.

Una nueva responsabilidad, el mismo compromiso

Mi incorporación a la Mesa de la Sección INT supone una nueva etapa dentro de una trayectoria de más de una década en el Comité Económico y Social Europeo.

Afronto este reto con la voluntad de contribuir al trabajo de la Sección, presidida por Antje Gerstein, y de colaborar con mis compañeros en la búsqueda de propuestas útiles, rigurosas y capaces de generar consensos.

Creo en el proyecto europeo y en su extraordinaria capacidad para crear oportunidades. Pero también creo que debemos ser exigentes con su funcionamiento, reconocer sus dificultades y trabajar para superarlas.

Europa necesita avanzar hacia un mercado único más integrado, una regulación más eficaz, una economía más competitiva y unas instituciones más cercanas.

Y para conseguirlo necesitamos conocimiento, diálogo, esfuerzo y voluntad de cooperación.

Ese es el espíritu con el que asumo esta nueva responsabilidad.

Porque construir una Europa más fuerte no consiste únicamente en tener grandes ambiciones, sino en conseguir que esas ambiciones se traduzcan en mejoras reales para quienes viven y trabajan en ella.

Felipe Medina Martín

Miembro del Comité Económico y Social Europeo (Grupo de Empresarios) y de la Mesa de la Sección de Mercado Único, Producción y Consumo (INT).

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